19 septiembre 2014

El club de las pulseras rojas



En un principio, “RedBand Society”, el remake de FOX de “Polseres vermelles”, no ha podido estrenarse en mejor momento. “Bajo la misma estrella” ha sido uno de los pequeños éxitos del verano, y las películas con adolescentes que se enfrentan a su propia mortalidad se han  convertido en la nueva tendencia (además de Shailene Woodley, Dakota Fanning y Chloë Moretz han protagonizado las suyas), pero todo esto no garantiza que los niños enfermos de cáncer de la serie vayan a tener la misma acogida entre el público televisivo. De hecho, el piloto tuvo una acogida más bien discreta (aunque, al parecer, sí logró atraer la atención de las chicas adolescentes), y sus opciones de futuro no parecen demasiado halagüeñas. FOX no termina de encontrar la fórmula para volver a escalar posiciones en las audiencias.

Si dejamos de lado ese aspecto (del que ya nos preocuparemos dentro de un mes), “Red Band Society” resulta una adaptación muy fiel del original de TV3, incluso con sus cambios. El más destacable es, por supuesto, que la atención de la serie no esté solo en los chicos, sino en parte del staff del hospital, especialmente la enfermera interpretada por Octavia Spencer y el médico al que da vida Dave Annable. Aún no se sabe cómo se integrarán en la trama de los adolescentes, pero eso la acerca un poco más a ese referente de “Es mi vida” que todo el mundo no deja de mencionar en cada artículo sobre la serie. Es un listón quizás demasiado alto, y esos ligeros toques fantásticos con el coma de Charlie la apartan un poco de ese camino, pero sí sirve para que el público se haga una idea de que “Red Band Society” va a por nuestra fibra sensible.

A veces va a por ella de un modo demasiado manipulador, que es un riesgo que también estaba presente en “Polseres vermelles”, y que es el lado por el que han llegado la mayoría de las críticas negativas. La serie bebe un poco de “Glee” también, y quiere presentar la historia de sus personajes, por muy dramática que pueda ser, de un modo optimista y humano. No hay ningún personaje que deje una impresión tan rápida como lo hacía Lleó en la original, y por ahora tampoco está ese discurso de los componentes de un grupo que utiliza como excusa para formar su nuevo grupo de amigos, pero el tono mantiene la fidelidad a “Pulseras rojas”. Como ocurre siempre, todo depende de cómo evolucione después la serie y, sobre todo, si tendrá tiempo para que pueda hacerlo.

18 septiembre 2014

Laura Colombo

El detective Colombo es una de las figuras televisivas que, tal vez, arrojan una sombra más larga de la televisión reciente. No deja de ser una traslación a la pantalla de los detectives a lo Hercule Poirot de la literatura, pero su sentido del humor, su aspecto descuidado, su gran talento deductivo y cómo utilizaba esas cualidades en su favor lo convirtieron en un arquetipo muy popular para la construcción de series “de casos” en los años siguientes. Colombo hasta sirvió como inspiración para la creación de “Luther”, con Neil Cross afirmando que lo que quería era darle una vuelta de tuerca oscura, y es un claro referente tras la Laura Lebrel de “Los misterios de Laura”. Esta serie de TVE es un peculiar caso de estudio. La cadena paralizó el rodaje de su primera temporada al sexto capítulo, tras muchos cambios de rumbo, porque no les convencía lo que veían, la tuvieron en nevera durante meses y, finalmente, la estrenaron en verano para quitársela encima. Qué sabrían ellos.

Tres temporadas y varias adaptaciones internacionales después, una serie tan de TVE y tan blanca y familiar (y con una protagonista central estupenda) acaba dando el salto a la parrilla de NBC como “The mysteries of Laura”, la serie a la que le ha tocado el dudoso honor de que sea el estreno que todos los críticos estadounidenses, en bloque, deciden que es el peor de la temporada (no quiero ni pensar cómo será “Stalker”), y también la que devuelve a Debra Messing al terreno de la comedia después del intermedio de “Smash”. Porque “The mysteries of Laura”, como su original español, es más una comedia que otra cosa, una comedia que busca los chistes en el desastre general que es la vida de Laura al intentar navegar su trabajo como policía y la atención de dos hijos que son una versión al cuadrado de Daniel, el travieso. Ni más, ni menos.

Otra cosa es que el piloto (que vimos gracias a un preestreno de Cosmopolitan, que la estrena en España el 5 de octubre, y Birraseries) esté lastrado por un montaje extraño y fuera de ritmo, que tenga un caso aún más insustancial que en el primer episodio de “Los misterios de Laura” y que haya secundarios que parecen más recortables de tamaño natural que personas verosímiles. Lo que sí cuenta a su favor es que Messing está realmente divertida como Laura Diamond. Como ocurre con María Pujalte, la serie está al servicio de su estrella (que está en pantalla el 95% del tiempo), y la estrella da la sensación de estar pasándoselo en grande. El resto de elementos tendrán que ajustarse con el paso de los episodios, pero haber acertado desde el principio con su protagonista es un gran paso. Y hasta en eso, “The mysteries of Laura” es un título más de mediados de los 90 que de 2014.

Si acaba saliendo bien, la serie debería ser una comedia familiar, en la que los espectadores pueden ir resolviendo el caso al mismo tiempo que Laura, y que puede seguir el mismo camino que, antes que ella, siguieron procedimentales como “Bones” o “Castle”. En las dos, los elementos cómicos y la relación entre sus personajes son siempre lo fundamental, más que los casos, pero se diferencian en que, en ellas, el centro de atención está ocupado por la relación romántica entre sus protagonistas. En “The mysteries of Laura”, ese centro es la detective Diamond al más puro estilo “Colombo”. ¿Qué no es original ni del siglo XXI? Pues no. ¿Qué puede ser algo entretenido para abrir el prime time del miércoles en NBC? Puede serlo. Pero tiene que cuidar más lo que rodea a Laura. Esperemos que lo del piloto sólo sea la excepción.

16 septiembre 2014

Las sophomore


Siempre que está a punto de comenzar una nueva temporada deportiva, llegan las inevitables previas sobre los equipos que se presentan a priori como favoritos para ganar el campeonato, sobre los jugadores que pueden dar un salto con respecto a su rendimiento el año anterior y sobre las estrellas a las que más se va a exigir en los siguientes meses. También se suele dedicar un espacio a intentar adivinar cuáles de los novatos que se estrenan en la liga pueden tener un mayor impacto, y cuáles de los rookies que sorprendieron la temporada anterior pueden no sólo mantener el nivel, sino elevarlo y afianzarse como sólidos profesionales, o ascender a la categoría de la estrella. El año sophomore nunca es fácil; el factor sorpresa y de novedad ya no juega en tu favor, tampoco se tiene tanta paciencia contigo porque aún estás adaptándote y vas a estar más vigilado para ver si mantienes el mismo rendimiento del primer año.

Esto vale tanto para los deportistas, como para los grupos que sacan su segundo disco o las series que estrenan una segunda temporada después de haber logrado el éxito en su debut. Este mismo verano hemos estado viendo los riesgos que entraña el año sophomore con “Masters of Sex”, a la que le han salido más críticos dispuestos a sacarle defectos a una serie en la que sólo veían virtudes en la primera temporada (también ha ocurrido algo así, en parte, con “Orange is the new black”). Independientemente de la calidad, cualquier título que sea recibido con grandes elogios en su primera temporada debe prepararse para una buena tunda en la segunda, como si los espectadores ya se hubieran cansado de él, y especialmente si en el hiato entre una entrega y la otra ha adquirido bastante más popularidad. El factor de “el disco bueno de Blur es ‘Modern life is rubbish’” nunca hay que descartarlo.

En apenas unos días, comprobaremos si dos de los estrenos en abierto que mejor funcionaron el año pasado consiguen retener la atención del público, y su buena voluntad, o si se despeñan ante el empuje de alguna serie nueva que llame más la atención de los espectadores. La NBC confía casi ciegamente en que “The Blacklist” confirmará su estatus como gran éxito de la cadena y que podrá hasta aumentarlo. Han sido inteligentes, desde luego, en no separarla tan rápido del paraguas de “The Voice” y en otorgarle el preciado hueco post-SuperBowl para afianzarla más antes de lanzarla en solitario los jueves a partir de febrero. Creativamente, la serie vive demasiado de las hazañas de Reddington y no está claro que vaya a atreverse a sacudir de verdad el estatus quo, pero tiene potencial para apuntalar su posición como éxito real de NBC.

Y en FOX, mientras tanto, esperan que una de las revelaciones del pasado otoño, “Sleepy Hollow”, continúe atrayendo a la suficiente audiencia para que sacar un poco a la cadena del pozo en el que cayó la temporada anterior. Las peripecias de Ichabod y Abbie llevan fuera de emisión desde principios de enero, así que será interesante ver si logran que sus espectadores vuelvan (y si han convencido a algunos nuevos que hayan visto la primera temporada durante sus vacaciones). La serie fue uno de los éxitos de 2013 por lo inesperado de que saliera bien, y fuera tan disfrutable, una historia que mezcla la Revolución Americana con la llegada del Apocalipsis, pero conseguir el equilibrio entre lo ridículo y lo entretenido es más complicado de lo que parece, y el entramado de “Sleepy Hollow” puede derrumbarse en cualquier momento. ¿Se habrá cansado la audiencia de sus locuras, o el encanto de su pareja protagonista será suficiente para atraparla de nuevo?