30 septiembre 2014

El peaje de Alicia



ALERTA SPOILERS:  Por si sois especialmente sensibles con este tema, hay que avisar que se van a comentar unas pocas cosas de los dos primeros capítulos de la sexta temporada de "The good wife". Pues eso.

Es sumamente de curioso que una serie de network (de CBS, para más inri) haya necesitado llegar a la sexta temporada para que los críticos estadounidenses decidan que verla es mucho más cool que estar todavía especulando sobre qué pasaba en “The Leftovers”. Ése es el camino que ha seguido “The Good Wife”, cuya explosiva quinta entrega (y que los Emmy la ignoraran entre las nominadas a mejor drama)  hizo que la crítica dejara de andarse con paños calientes y reconociera definitivamente que está a la misma altura que los “Mad Men”, “Juego de tronos”, “Breaking Bad” o “Boardwalk Empire” que se mencionan sin descanso cuando llegan los ya clásicos reportajes sobre “la edad de oro de las series” (Tumblr mata un gatito cada vez que se menciona esa frase). No es que estuviera volando bajo el radar hasta ahora, sino que se le añadía siempre la coletilla “de network”, como si estuviera en segunda división, y esa etiqueta se ha abandonado ya. Ahora, nadie se rasga las vestiduras porque un crítico diga que es uno de los mejores dramas en emisión, y nada más.

Eso sí, lo que no puede negarse es que, después del triple mortal sin red que se marcaron el año pasado, Robert y Michelle King se enfrentan a una reválida bastante más complicada que la de ganarse la admiración de los críticos; mantenerla. Deben romper la maldición de Sísifo e impedir que la roca vuelva a caer montaña abajo, y para ello han decidido embarcarse en la mayor serialización que la serie ha visto hasta ahora. Los cinco primeros capítulos de la quinta entrega eran prácticamente uno solo, con el final de uno continuando en el principio de otro como si, en lugar de haber pasado una semana en la emisión  del segundo, sólo lo hubieran hecho los diez segundos que Netflix tarda en arrancar el siguiente episodio. Sin embargo, la fórmula se mantenía más o menos familiar; sí, la revuelta en Lockhard/Gardner era el nexo de unión entre todos los capítulos, pero seguía habiendo casos y tramas autoconclusivas en cada uno. Con la sexta temporada, los King declararon a The Daily Beast que quieren probar con la serialización, que quieren hacer algo diferente que mantenga el nivel y la frescura de la serie.

El “algo diferente” de este primer tramo de la temporada va a ser la acusación de Cary de haber ayudado a Lemond Bishop a transportar más de un millón de dólares en heroína. Es diferente no sólo porque Florrick & Agos se ve atacada directamente por la fiscalía, sino porque les obliga a afrontar, también directamente, las implicaciones de tener como cliente a un poderoso narcotraficante. La desesperación de Will Gardner por conseguir dinero que le llevó a atraerlo como cliente va a explotar en la cara de Alicia, metida aquí de lleno en el fango moral y ético en el que “The Good Wife” da lo mejor de sí. La línea por la que tiene que moverse es muy fina, no sólo por las consecuencias legales que puede tener para ella, sino porque realmente están jugando con la vida de ciertas personas (recordar las amenazas de Lemond Bishop hacia Kalinda en la tercera temporada aún es bastante inquietante). Es un tema en el que la serie ha entrado otras veces, pero no con esta extensión.

Sin embargo, aunque está claro que es algo importante en el arranque de la sexta temporada, no sería “The Good Wife” si no estuviera manejando al mismo tiempo otras dos tramas igualmente importantes; la marcha de Diane de Lockhart/Gardner y los constantes intentos de Eli Gold de convencer a Alicia de que se presente a las elecciones a fiscal del distrito. Siempre que Eli opera en su modo más liante es cuando es más divertido y entretenido de ver, y cuando se mueve más cerca de Alicia, el respeto y la comprensión que tiene de cómo es ella le confieren a sus interacciones una capa extra muy interesante. Esta última etapa en la educación de Alicia Florrick, la que implica su reconocimiento de que tal vez, subconscientemente, sí quiere presentarse otorga más complejidad a su personaje y le hace enfrentarse cara a cara a ese tema sobre la seducción del poder que siempre ha tratado “The Good Wife”. La sexta temporada no ha podido empezar mejor.

29 septiembre 2014

Las aventuras de Claire Randall

Seguramente recordáis aquel término de “la televisión de serie B” que acuñó la crítica Maureen Ryan para referirse a un tipo de series que estaba surgiendo lejos de las pretensiones y de los clichés de las “series de prestigio” del cable premium, sobre todo. Eran historias en muchas ocasiones de género, con menos recursos presupuestarios, que buscaban el entretenimiento y cuyas protagonistas principales eran mujeres, revirtiendo la tendencia hasta la fecha de que casi todas las series nuevas que parecían llamar más la atención de los críticos estuvieran centradas en hombres. Es un término que sirve para dar nombre a una tendencia bastante concreta, pero sólo se refiere a una parte de esas nuevas series que están llegando a las pantallas apostando por una mujer en su centro. Las heroínas están sustituyendo a los antihéroes, y una de las series que más claramente está liderando ese cambio es “Outlander”.

También es cierto que el género en el que se adscriben las novelas de Diana Gabaldón en las que se basa (la novela romántica, aunque con sus toques de ciencia ficción y ficción histórica) tiene por defecto una protagonista femenina que facilita que su público se identifique con ella, pero Claire Fraser, la protagonista de la serie, está retratada como algo más que el objeto de las atenciones amorosas de un irresistible highlander. Es la heroína de un relato de aventuras, de su relato de aventuras, y está construida de tal modo que veamos que tiene sus virtudes y defectos, que aunque le cuesta adaptarse a su nueva situación entre los Mackenzie (y aún quiere regresar a 1945), es lo suficientemente inteligente como para sobrevivir entre ellos y hasta ganarse su favor, pero que también tiene sus defectos y no puede ocultar que es una mujer de los 40 en el siglo XVIII, lo que a veces la pone en peligro sin que se dé cuenta.

La lentitud con la que “Outlander” ha ido desarrollando la trama de estos primeros ocho capítulos ha servido para construir la atmósfera y, sobre todo, a Claire. Si por algo destacaba la anterior serie supervisada por Ronald D. Moore, “Battlestar Galactica”, era por el fantástico dibujo de sus personajes, y esa característica se ha trasladado a la serie de Starz. Hasta Black Jack, el malo de la función, tiene más grises de los que, probablemente, le hacen falta, pero todo eso contribuye a elevar el nivel de la serie. Eso sí, no deja de ser cierto que, para que llegue a un público más amplio, siempre va a tener que superar la idea preconcebida de que es un título “para señoras”, de que no ofrece nada más allá de una historia de amor en condiciones peculiares. Sin embargo, las peripecias de Claire por adaptarse a las Highlands de 1743 saltan esas barreras de género, porque como decimos, lo suyo es una historia de aventuras con sus villanos, sus aliados, su lado romántico y hasta sus escenas de peligro y de tortura del héroe a manos de los malos, aunque que Claire sea mujer le confiere un toque diferente a todo esto (como que la tortura de la que debe escapar involucra al final siempre la violación, por ejemplo).

Hasta el 4 de abril no veremos de nuevo a los escoceses luchando contra los casacas rojas ingleses, pero mientras tanto, no sería nada extraño que “Outlander” vaya ganando una mejor consideración de cara a las listas de final de año, como comentamos en la edición de esta semana de Yo disparé a JR. Ron Moore y su equipo ha creado un mundo muy creíble, poblado por personajes muy bien definidos, y aunque tenga alguna que otra cosa un poco más convencional de la cuenta, ver cómo Claire se maneja entre toda esa gente ha resultado una de las cosas más entretenidas del final del verano. Y sí, esa boda va a acabar encabezando todas las listas de las escenas más tórridas del año, tanto en televisión como en el cine.

28 septiembre 2014

El karma de Karma

Los calendarios de programación de las cadenas a veces no parecen seguir ninguna lógica. Ya es conocida la total locura de las divisiones de temporada de ABC Family, que pueden hacer que la primera temporada de una serie como "Switched at birth" tenga más de 30 capítulos, pero MTV a veces tampoco se queda atrás. Esta primavera, por ejemplo, estrenaron "Faking it" como nuevo intento de aprovechar la "marca" de humor adolescente de "Awkward", y tras sólo ocho episodios, y casi sin dar tiempo a que nos olvidemos de Amy y Karma, tenemos aquí ya la segunda entrega, que serán ahora diez capítulos. Es curioso comprobar cómo ha evolucionado la comedia en tan poco espacio de tiempo. De una premisa que podía resultar ofensiva, y con poco margen de maniobra, como que Amy y Karma simulen ser pareja para poder ser populares, ha pasado a arrancar temporada habiendo otorgado a dicha premisa más capas.

Por supuesto, el giro al final del piloto de que Amy descubra que ella no está mintiendo en lo que respecta a sus sentimientos por su mejor amiga ya fue encaminando la serie hacia lo que es ahora, pero todavía quedaban algunas cosas que debían mejorarse. Por ejemplo, Lauren, la hermanastra de Amy, de la que sólo sabíamos que era la típica "chica mala" y que tomaba unas misteriosas pastillas. La revelación de por qué las toma lleva el personaje por un camino completamente diferente, y también permite que veamos sus acciones en la primera entrega de un modo un poco distinto (en BuzzFeed cuentan un poco más sobre eso, pero cuidado, que hay spoilers). Además, simplemente con ese giro, "Faking it" se convierte en una rara avis en la televisión estadounidense, dispuesta a explorar personajes que no suelen verse así en las series (ésta y "Transparent" formarían una peculiar sesión doble).

Las dudas no sólo sobre su sexualidad, sino sobre qué tipo de personas quieren ser cuando sean adultos es en lo que se centra la serie. Es en lo que se centra cualquier título de adolescentes que realmente merezca la pena (a no ser que sean sátiras que lo parodien todo), y justo por ahí es donde "Faking it" puede confirmarse como una opción que merece mantenerse en la parrilla durante más tiempo. No penséis, después de toda esta parrafada, que es un drama muy serio, porque el lado de comedia no lo ha perdido. Como hemos dicho otras veces, su humor no es el ácido y a, veces, desmitificador de "Awkward", pero consigue algunos momentos inspirados. El enredo entre Amy y Liam (y la madre de Liam) y cómo Lauren exagera su reacción para intentar que su secreto no salga a la luz son momentos que, dentro de que pueden estar bordeando el exceso, permiten que el resto de emociones de los personajes puedan mantenerse más reales, como quien dice.

Mientras tanto, lo que hemos visto es que las tornas se han vuelto contra Karma. Ahora es Amy la que no termina de ser sincera con ella, la que guarda un secreto que no quiere que, especialmente, ella descubra, lo que va a complicar más el intento de Karma de no perder a su mejor amiga. ¿Qué quieren realmente ambas de la otra persona? ¿Qué tipo de persona quieren ser?

Música de la semana:  "Forever" es uno de los nuevos procedimentales de esta temporada televisiva, con el giro de que su protagonista es inmortal. Tal vez lo más curioso del primer episodio es que presenten a una de las secundarias al ritmo de "Do I wanna know", de Arctic Monkeys.