15 agosto 2014

El premio de ser nominado

Al hablar de premios, sean los Oscar, los Emmy o hasta los Globos de Oro, las discusiones suelen encaminarse siempre hacia los favoritos, quiénes tienen más opciones de ganar o quiénes pueden dar la sorpresa. Sin embargo, hay candidatos para los que figurar ya en la lista de posibles es todo un premio, un reconocimiento que, de otro modo, podrían no tener. Muchas de esas nominaciones se encuentran en las categorías técnicas, que se entregan este fin de semana en los Creative Art Awards, y algunas de ellas, además, representan viejas reivindicaciones de algunos sectores de Hollywood. Por ejemplo, los directores de casting llevan ya tiempo pidiendo a la Academia que incluya una categoría que reconozca su labor en los Oscar, algo en lo que siempre topan con las protestas del sindicato de directores, pero en los Emmy hay sendos apartados que reconocen a los mejores repartos de drama y de comedia. Este año, en la primera hay auténticos pesos pesados como "Juego de tronos", "House of cards", "The good wife", "Breaking Bad" y "True Detective", mientras en la segunda están "Louie", "Modern family", "Orange is the new black", "Nurse Jackie" y "Veep".

También los premios del SAG reconocen esto mismo en sus categorías importantes (que, a veces, muchos cronistas confunden con sus equivalentes de mejor drama y comedia, cuando no es eso lo que están premiando), pero les falta el prestigio definitivo que da el Oscar. Por otra parte, como decimos, en los Emmy hay hueco para otros títulos si miramos más allá de las diez categorías que, habitualmente, dominan todas las conversaciones. Por ejemplo, resulta muy curioso ver la nominación de "Cosmos" a la mejor banda sonora (para Alan Silvestri), o que tres comedias de sketches como "Inside Amy Schumer", "Key & Peele" y "Portlandia" compitan contra los informativos satíricos que dominan habitualmente la categoría de guión en programa de variedades, como "The Colbert Report" o el multipremiado "The Daily Show", y para los dos primeras puede ser un bienvenido empujón de visibilidad.

De todos modos, en cuanto a mezclas peculiares de candidatos, los nominados a mejores efectos especiales son realmente curiosos, porque "Juego de tronos" es la única de las "grandes" candidata, y sus rivales son "Cosmos", "Agents of SHIELD", "Almost human" y "Los 100", y para estas tres series, figurar aunque sea en este apartado ya es todo un triunfo. Ya lo fue hace años para "Nikita" lograr la primera nominación al Emmy en la historia de The CW por una de estas categorías técnicas, y lo habría sido para "Arrow" lograr una nominación para sus dobles de acción que, al final, se le escapó. Es cierto que de estas nominaciones menos mediáticas no hablamos en el podcast especial de los Emmy de Lo que yo te diga, pero puede resultar una buena manera de pasar la semana que falta para que se entreguen los premios gordos, como quien dice.

P.D.: Este blog también necesita vacaciones de vez en cuando, así que va a estar parado durante un par de semanas. El fin de semana del 30 de agosto volvemos a leernos.

14 agosto 2014

La máquina de la verdad

La familiaridad es uno de los factores más importantes a la hora de hablar de una serie que "mejora" a partir de tal temporada, o tal capítulo. Como ya comentamos no hace mucho, ese concepto de "mejora" no se aplica a todas las series por igual; las hay que ya están plenamente formadas desde el piloto y, conforme pasan los episodios, lo único que hacen, a lo mejor, es explorar un poco más a los personajes, o ir plantando las semillas de revelaciones que, cuando las veamos, tendrán su impacto más por esa familiaridad que los espectadores habituales tienen con la serie que porque sean mejores o peores.

Un fenómeno similar ocurre con "Person of interest", un título que, a pesar de tener bastante éxito en CBS, casi puede decirse que tiene un seguimiento más de pequeña serie de culto en Internet. Los prejuicios hacia el factor procedimental son muy fuertes en este caso, y también que el piloto no era nada especialmente destacable, aunque sí apuntaba una trama de fondo con la Máquina con un gran potencial. Sus fans afirman que la serie mejora a partir de la segunda temporada, pero en realidad esa mejora es, precisamente, fruto de esa familiaridad que comentábamos antes, y del hecho de que sus guionistas fueran contándonos cada vez más cosas sobre el pasado conjunto de la Máquina y de Finch, y sobre esos inquietantes y poderosos personajes que quieren controlarla.

"Person of interest" utiliza bastante bien ese clima de vigilancia total de los ciudadanos por parte de los gobiernos, escudados en la "seguridad nacional", y también el papel de las empresas privadas en todas esas actividades. Lo que mueve a buena parte de los villanos de la serie es el dinero, pura y llanamente, empezando por esa trama de policías corruptos y acabando con quienes persiguen a Finch, y la unión de todo eso la convierte en una clara hija de su tiempo, del mismo modo que lo es "Continuum" con su trama de malvadas y tramposas multinacionales. Sí que es verdad que el dúo Finch-Reese, por muy entretenido que sea de ver, resulta mucho más divertido cuando entran en escena los detectives Fusco y Carter y, sobre todo, cuando aparecen dos personajes femeninos a los que muchos fans acreditan con esa sustancial "mejora" de la que hablábamos antes.

La inestable Root y la letal Shaw le aportan a la serie un toque de imprevisibilidad que le viene muy bien, y tienen con los protagonistas una dinámica diferente que ayuda a expandir su mundo. En mi puesta al día con "Person of interest", un poco a saltos, al final de la segunda temporada queda claro que esos dos añadidos son la mejor idea que el equipo creativo pudo tener, del mismo modo que lo fue hacer que Fusco y Carter pudieran ayudar a Finch y Reese sin tanto secretismo entre ellos. Como ocurre con "Arrow", los secundarios funcionan mejor cuando conocen el secreto de Oliver Queen, y aquí pasa algo parecido. Ese mundo clandestino de espías gubernamentales y negocios con la seguridad del país que pinta "Person of interest", un mundo no demasiado alejado de la realidad, es lo que le da su toque distintivo. Y la autoconsciencia de la Máquina resulta muy interesante de ver.

13 agosto 2014

El médico

El médico arrogante es ya un clásico de las series ambientadas en un hospital. Desde el doctor Benton de "Urgencias" a Gregory House o Bill Masters, casi se ha vuelto inevitable que el protagonista de gran parte de estos títulos sea alguin realmente muy bueno en su trabajo, pero completamente insoportable. "The Knick" es la última en seguir esta tendencia, pero es cierto que estar ambientada en un hospital neoyorquino en 1900 le da su toque de originalidad. De hecho, había despertado bastante curiosidad y no sólo porque es un proyecto dirigido por Steven Soderbergh y que él se empeñó en llevarse a Cinemax, en lugar de a su hermana mayor y más respetable, HBO. El contenido del canal le granjeó el mote de "Skinemax", y "Banshee" y "Strike back" no han contribuido a cambiarlo del todo. "The Knick" podría ser su particular "Mad Men" porque le da una vuelta de tuerca formal interesante a lo que es una serie de época con todas las de la ley.

Entre la música sintética de Cliff Martínez y la dirección de Soderbergh (como si fuera una película indie contemporánea), es inevitable pensar que la serie puede representar en Estados Unidos algo parecido a lo que "Bleak House" y "The crimson petal and the white" fueron en el Reino Unido, renovadoras en la manera de mostrar una historia ambientada hace más de un siglo. La segunda, sobre todo, no se cortaba a la hora de mostrar las perversiones que latían bajo la apariencia de respetabilidad de la sociedad victoriana, y "The Knick" aboga por algo similar. El negocio de las ambulancias, la corrupción presente en las inspecciones sanitarias de los edificios habitados por inmigrantes europeos pobres e ignorantes y la necesidad del hospital Knickerbocker de atraer fondos de donde sea son el fondo en el que vemos actuar al doctor John Thackeray, un cirujano de la época en la que realmente eran "matasanos".

Thackeray está obsesionado con innovar, con hacer avanzar la medicina y probar nuevos tratamientos que permitan una mayor supervivencia de los pacientes, y no permite que nadie se interponga en su camino. A su lado conocemos también a la señora Robertson, hija del principal benefactor del hospital, a su administrador, a un conductor de ambulancias (que se lleva un dinero por cada enfermo que lleve al Knick), a una enfermera novata y a un preparado cirujano que se encuentra con problemas para poder trabajar allí porque es negro. El primer capítulo muestra todas las líneas principales de un plumazo, nos presenta perfectamente a Thack, como lo llama todo el mundo, y tiene esa atmósfera de tratar 1900 como si fuera la actualidad, como si estuviéramos viendo "Urgencias", pero con los problemas inherentes a la época.

Está claro que ese toque posmoderno es lo que hacía encajar mejor "The Knick" en Cinemax que en HBO, donde "Boardwalk Empire" es un ejemplo de una manera más tradicional de rodar las series de época (incluso a pesar de los detalles gangsteriles de Martin Scorsese). La cadena ya la ha renovado por una segunda temporada y la recepción entre los críticos ha sido, en general entusiasta, así que parece que Soderbergh hizo bien retirándose del cine, por ahora, y pasándose a la televisión.